Acompaño como puedo a Jesús, a distancia en su soledad… Le siento vinculado en la Confianza a Aquel en quien siempre ha confiado y le escucho recitar el salmo de la esperanza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?… más tú Yahveh no estás lejos”…
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