“Os doy un mandamiento nuevo: amaos los unos a los otros. Así como yo os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos” (…) La Iglesia no está primeramente llamada a ser ni una organización poderosa, ni un grupo influyente, ni un grupo con una sólida doctrina… sino el espacio donde hay amor fraterno. Donde hay amor fraterno, allí hay Iglesia.
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